Historia Verdaderas
  Un Ángel Perrito Feliz
Narrado por la pequeña hermana iniciada Duo-rou, Formosa
Grabado por su madre, una hermana iniciada
(Originalmente en chino)

Nací en Formosa y ahora tengo 12 años. Antes de nacer como ser humano, vivía en el mundo de arriba. Una vez, vi a unos ángeles hacer cola allá arriba para nacer como diferentes clases de elegantes y hermosos cachorros. Yo también quería ser un cachorro, por eso me uní a ellos. Desde arriba, podía ver muchas guarderías caninas llenas de cachorros recién nacidos y las filas de ángeles que descendían a sus cuerpos.

Cuando casi era mi turno, vi al ángel delante de mí alistándose para saltar para ser un Maltés. No pude evitar exclamar: "¡Es genial! ¡Es un Maltés! Eso es lo que quiero ser". Entonces de repente el ángel se detuvo y dijo: "¡Bien! Entonces ve primero". Así que salté feliz y me convertí en un Maltés. Cuando entré al cuerpo del cachorro, al principio no podía abrir los ojos. Quería chupar algo de leche, pero los otros cachorros me empujaban a un lado. Para demostrar que no era débil, me abrí paso de regreso hacia mi mamá empujando y pude chupar su leche. ¡Guau! Estaba calientita y dulce, y tan deliciosa.

 

Poco a poco, fui creciendo y una señora me llevó a su casa y me tuvo en la cocina, donde había una cama de perro, un recipiente para agua y un tazón para la comida, pero la cama tenía el olor de otro perro. No me atreví a dormir allí, en el territorio de otro perro.

No me gustaba la comida con la que mi ama me alimentaba. Siempre era carne, que tenía un sabor frío. Ella siempre se preguntaba: "¿Qué pasa? ¿Por qué no comes?" Sólo cuando me moría de hambre, comía un poco sin querer. Un día, me subí encima de una silla y salté sobre la mesa del comedor. Allí vi un plato de ensalada. "¡Guau! Ensalada. ¡Genial!" Casi había devorado todo el plato antes de que mi ama se diera cuenta. Rápidamente me retiró de la mesa y me dio lo que quedó de la ensalada. Después de eso, a menudo me daba ensalada de verduras.

La señora que me cuidaba hizo un agujero como para un perro en la puerta de entrada de modo que pudiera salir y jugar en el jardín. Me enseñó cómo pasar a través del agujero y cómo entrar de regreso. Ahora podía elegir jugar en el jardín o en la casa como deseara. Cada vez que llovía, me iba al jardín y me revolcaba en el lodo hasta que estaba completamente sucio. A mi ama no le gustaba eso porque tenía que bañarme. Por eso cuando llovía, rápidamente cerraba el agujero. Yo sólo podía gemir a su alrededor, rogándole que abriera el agujero. Al principio se negaba, pero al final se rindió y me dejaba revolcarme en el jardín.

Mi cuidadora a menudo me sacaba a pasear. Antes de orinar o defecar, yo olfateaba el pasto por si había algún olor de otros perros. Si otro perro había marcado su territorio, su imagen me aparecía naturalmente en la mente. Si era un perro grande, no me atrevía a hacer pipí allí. Si era uno más pequeño, entonces sí lo hacía.

A veces inesperadamente venían visitas a nuestra casa. Entre ellos estaba un pequeño, que me cogió brutalmente por la espalda y del pelo. ¡De veras me dolió! Yo empecé a ladrar. Cuando mi ama me oyó, vino rápidamente a ver lo que había pasado e inmediatamente corrí a sus brazos a refugiarme. Cuando se encontraba ocupada haciendo algo, yo me quedaba cerca a ella y me escondía de los niños. Me solían gustar mucho los niños, pero después de ese incidente les tomé miedo.

Mi cuidadora solía dejar una pila de ropa seca en el balcón, y a mí me encantaba meterme allí para hacer una siesta. Una vez se preocupó mucho cuando pensó que estaba perdido. Quise ignorarla, pero luego no quise que se preocupara, por eso ladré suavemente unas cuantas veces. Al oírme, vino rápidamente y me dijo: "¡Mi amorcito! Así que aquí estás. Me preocupé al no poder encontrarte". Luego me dejó que me sentara a su lado y comenzó a doblar la ropa.

Un día, un hombre vino a visitarnos. Mi ama me advirtió con anticipación: "No le muerdas los pies. ¡Apestan!" Pero no hice caso a su consejo. Incluso a la primera mordida, no pude soportarlo y rodé por el piso limpiándome el hocico con la alfombra. Corrí desesperadamente por los alrededores mordiendo de todo para tratar de liberarme del asqueroso olor. Mi ama me miró y se rió. Me dijo que tomara agua rápidamente. Tuve que beber mucha agua e ingerir bastante comida, antes de que el olor finalmente desapareciera. Eso hizo que yo dejara de morder los pies de las personas nuevamente.

Un día, planeé dejar mi cuerpo y este mundo cuando mi ama no se encontraba en casa. Pero llegó a casa temprano y me vio agonizando. Me sostuvo entre sus brazos. Lentamente dejé el cuerpo en la forma de un perro. De pronto, me transformé en un ángel tan grande como mi ama. Adapté mis vibraciones a las de ella. Sorprendentemente, ella pudo verme. Estaba impresionada y yo también. Descubrí que ella no sabía lo que estaba viendo, por eso rápidamente me transformé de nuevo en un perro, y moví la cola y la miré con dulzura. Inmediatamente se dio cuenta y me dijo adiós con la mano, contenta. Sus amigos allí no podían verme. Ellos estaban confundidos al verla de repente triste y luego alegre y diciendo adiós al aire. Me despedí de ella y rápidamente me elevé de regreso al mundo de arriba.

Antes de que mi mamá viniera a la Tierra, ella necesitaba encontrar a un ser apropiado que fuera su futuro hijo para ayudarla a aprender su lección. Ella pidió ayuda y muchos ángeles vinieron, pero no pudieron satisfacer su necesidad. Cuando yo llegué, me pidió sinceramente que la ayudara a aprender su lección, así que estuve de acuerdo. Llena de júbilo descendió a la Tierra. A veces bajaba a visitar a mi futura mamá y me di cuenta que todavía era muy joven, por eso decidí nacer como un perro primero. El tiempo de vida de un perro coincidía aproximadamente con el tiempo requerido para que mi mamá se convirtiera en adulta.

Un ángel supo que estaba a punto de nacer en la Tierra y me pidió ser mi perro. Por supuesto, le dije: "¡Está bien!" La noticia se esparció. Y más de una docena de ángeles pidieron ser mis perros. Sólo le dije que sí, a los ángeles que fueron los primeros.

En una oportunidad, cuando estaba charlando con unos ángeles en el mundo de arriba, ¡llegó la noticia de que la Maestra Ching Hai iba a realizar un baile! Todos se apresuraron para ver a la Maestra Ching Hai. De inmediato, el cielo estuvo lleno de seres celestiales. Me acerqué a la Tierra volando y miré desde una nube. Después de un rato, un ángel voló hacia mí y me dijo: "¡Apúrate! ¡Apúrate! ¡Es tu turno de nacer!" Le dije: "¿No podemos esperar un poquito más? No he visto lo suficiente". El ángel dijo: "¡No! ¡No! ¡Debes darte prisa!" No tuve elección más que ir donde Dios con él.

Dios estaba sentado en Su trono con un arcángel a cada lado. Me dijo que escogiera los defectos para mi vida humana. Yo era demasiado perezosa para escoger alguno, pero Dios dijo: "¡Ni hablar! Sólo los Maestros Iluminados no necesitan escoger ningún defecto". Ingenuamente dije: "Seré un Maestro Iluminado entonces". Dios respondió: "¡No! Es una labor ardua, ser un Maestro Iluminado. Tú tienes una misión que cumplir. Te permitiré recordar todas estas cosas, pero no recordarás cuál es tu misión". Así que comencé a escoger mis defectos. Escogí tantos que un arcángel me recordó: "¿No has escogido demasiados?" Rápidamente eliminé algunos de los defectos.

Después de eso, salté desde el agujero que estaba a mi lado e instantáneamente entré en el cuerpo de un bebé. En ese momento, mi cabeza estaba saliendo del vientre de mi madre. El aire estaba frío y la luz intensa. Me sentía muy incómoda y quería regresar al cuerpo de mi madre, el cual estaba caliente y tenía una luz suave. Finalmente, nací en este mundo. En ese momento, pensé: "¿Así es cómo es el mundo humano?" Protesté fuertemente: "¿Por qué la luz es tan fuerte y el aire tan frío?" Pero todo lo que surgió fue un llanto: "¡Wa! ¡Wa! ¡Wa!" Pensé que protestar sería en vano, así que dejé de llorar.

Durante el tiempo que he estado creciendo en la Tierra, pude recordar todas estas cosas, aunque sólo se las conté a mi mamá recientemente cuando estábamos conversando. Hoy, vivo feliz y en armonía con mis padres, mi hermano menor y mis perros. Espero que después de leer esta historia, todos amen a los animales como ellos aman a su propia familia.